13 de enero de 2009

Habitación 101

“¿Usted la quería?” Directas palabras de aquel tipo serio que no me daba demasiadas confianzas para dejarme ser psicoanalizado. Quién diría que iba acabar en ese lugar hablando sobre ella con un tipo tan serio que sería ideal para que en una exaltación “padre de familia”, de repente, se pusiese una mano en la nariz y dijese mirándome “blublublublu” en plan “esto-es-una-broma ja ja ja o te creías que alguien podría ser tan serio, jovenzuelo”

Pero en vez de eso siguió con las preguntas en un ambiente que cortaba. “¿Se siente usted solo?”, en ese momento yo ya no escuchaba, con la mente en blanco me imaginaba al señor de enfrente sujetando de un hilo un globo de niño que le daba un aspecto patético y estúpido, y sí, también muy gracioso. Era mi estupidez favorita, otros se imaginaban a su público desnudo para perder la vergüenza, pero un exceso de imaginación me habían hecho ver cosas desagradables con esta técnica…; así que como divertimento me imaginaba a la gente sujetando con un cordel un globo de niño, es facilísimo sentirse superior a un imbécil que a su edad sigue con globitos…

“¿Me está escuchando?” “Sí, sí, mmm no sé, un poco, como todo el mundo…” La cosa siguió su curso sintiendo que el tipo ese del globo no me entendía en absoluto…“¿Oye voces, cree que le persiguen…?” “No” (Pero tengo un blog donde deliro…) Preguntita de puro protocolo -supongo- que mi aspecto blanquecino sin afeitar invitaban a preguntar.“¿Tiene tendencia a aislarse?” “Sí...me meto con el portátil debajo de la cama” “¿En serio?” “jeje me ha pillado, no lo hago, aunque sería divertido, ¿no?” “Sí, apasionante”

Tras unos cuantos minutos, que vi como una perdida de tiempo, abandoné esa habitación sintiéndome bastante incomprendido y bastante mierda; un tipo con un globo de niño había conseguido ponerme contra las cuerdas con su interrogatorio y su maldito veredicto (!): “verá el problema, es que usted es islandés, y hasta que no encuentre la fórmula química que gobierna su vida en el universo lejos de su tierra, no hará más que deambular con gente a la que no comprende, con la que no se identifica, y a la que odia…, es decir, vivir en el caos, y para esa misión ni siquiera yo le puedo ayudar, pues yo ni siquiera existo más allá de su imaginación…” En ese momento me quedé solo en la sala con un bonito globo amarillo, y eso me dolió aún más, ahora el tonto del globo era yo.


Islandés en el caos

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