28 de mayo de 2008

Contraminación: graffitis y maderos de brazos cruzados

Todos hemos escuchado cuentos de hadas donde miserias humanas con espada luchan contra monstruosos dragones y hordas muy heavis en los que además de salir victoriosos les espera una señorita o princesa (es decir, señorita con perras), doncella (virgen), encima de una cama en una torreta en el culo del mundo. Leyendas de ensueño muchachos; pero de vez en cuando nos encontramos con realidades, como en esta ocasión, mis queridos lectores, en las que me quito el sombrero.

Los hechos se desenvuelven en Sao Paulo. Nuestro protagonista de la historia: el artista Alexandre Orión, y su lucha. Sobre los altos niveles de polución de esta megapolis de 11 millones de personas, donde la mala gestión del transporte público hacen que el automóvil sea el principal medio de transporte, el grafitero paulista se dedica a reproducir lindas calaveras a lo largo y ancho de un túnel, llegando a decorar la superficie de 160 metros antes de que los malos llegasen a la escena del crimen.

Pero ¡¿quién ha dicho crimen?! Hoy por hoy, la legislación dice, muy claramente, que deteriorar los bienes comunes y públicos es delito, y los órganos públicos deciden que pintar en un bien público como un túnel es deteriorarlo; ¡bien!, hasta ahí, casi nadie de acuerdo, pero volviendo al meollo de la cuestión, nuestros queridos pasmarotas no pudieron poner en disposición judicial a nuestro campeón, ¿por qué?, sencillamente porque el “amo” no estaba pintando calaveras blancas sobre un túnel negro, sino que en un túnel blanco lleno de porquería y contaminación fue limpiando mierda hasta conseguir la apariencia de calaveras. Limpiar todavía no es delito. Para detener a nuestro héroe y borrar su obra, las autoridades responsables de la ciudad decidieron limpiar esa porción de túnel, por lo que nuestro intrépido amigo continuó “limpiando” 120 metros de túnel que seguidamente decidieron también lavarlo, pero esta vez limpiaron también el resto de los túneles de la ciudad. No os pongáis tristes muchachos, al cabo de pocas semanas los túneles estaban perfectamente preparados para repetir la hazaña.


El proceso ha servido como arte y como ejemplo de manifestación pacífica, recibe el nombre de Ossario, que junto a su anterior trabajo, Metabiótica, han recibido numerosos halagos del público neoyorquino y europeo.

Mas información: alexandreorion.com


Escrito por: Luis Angel Chaves Hernando

"Merendola" de Turbocanoas


Blas de Otero

Blas de Otero, (1916-1979). Poeta español nacido en Bilbao y fallecido en Majadahonda (Madrid). Hizo sus primeros estudios en su ciudad natal, en una institución religiosa, y emprendió en Madrid la carrera de derecho que luego terminó en Valladolid. Se trasladó posteriormente a Madrid donde se dedicó por entero a la creación literaria. Obtuvo varios premios importantes entre los que se cuentan: Boscán de Poesía en 1950, Premio de la Crítica en 1959 y el Fastenrath de la Real Academia en 1961. «A modo de antología» y «Todos mis sonetos», son sus obras más representativas.

Definitivamente, cantaré para el hombre.
Algún día –después-, alguna noche,
me oirán. Hoy van –vamos- sin rumbo,
sordos de sed, famélicos de oscuro.
Yo os traigo un alba, hermanos. Surto un agua,
eterna no, parada ante la casa.
Salid a ver. Venid, bebed. Dejadme
que os unja de agua y luz, bajo la carne.
De golpe, han muerto veintitrés millones
de cuerpos. Sobre Dios saltan de golpe
-sorda, sola trinchera de la muerte-
con el alma en la mano, ente los dientes
el ansia. Sin saber por qué, mataban;
muerte son, sólo muerte. Entre alambradas
de infinito, sin sangre. Son hermanos
nuestros. Vengadlos, sin piedad, ¡vengadlos!
Solo está el hombre. ¿Es esto lo que os hace
gemir? Oh si supieseis que es bastante.
Si supieseis bastaros, ensamblaros.
Si supierais ser hombres, sólo humanos.
¿Os da miedo, verdad? Sé que es más cómodo
esperar que Otro -¿quién?- cualquiera. Otro,
ser, si procuro ser quien soy. ¡Quién sabe
si hay más! En cambio, hay menos: sois sentinas
de hipocresía. ¡Oh, sed, salid al día!
No sigáis siendo bestias disfrazadas
de ansia de Dios. Con ser hombres os basta.

J.C.

Historia, sociedad y cerveza

Nos guste o no las drogas están entre nosotros, pero no desde nuestros días, sino desde tiempos inmemorables. La cerveza, más o menos como la conocemos hoy, ya la conocían en Egipto; el vino, apreciado desde los romanos; la mezcalina, usada por los chamanes desde siempre; el curaje, empleado por tribus africanas como relajante y como método de caza; la marihuana, presente en numerosas culturas; o incluso la heroína, diseñada por una conocida marca de medicamentos . A través de esta revista vamos a intentar analizar diferentes drogas y cómo han influido en nuestra historia y nuestra sociedad.

La primera que vamos a ver es la cerveza, esa rubia deseosa de que la abracemos, bebida que todo el mundo conoce y ha probado.
En el principio de los tiempos el pan y la cerveza fueron de la mano, el pan se fabricaba mezclando más harina que agua y dejándolo fermentar, pero si invertían la proporción y mezclaban más agua que harina, y la dejaban fermentar, se conseguía cerveza. Posteriormente cada producto fue mejorándose: la cerveza paso a ser bebida con caña en la antigüedad, para luego ser filtrada y aclarada por los monjes en la Edad Media.

En Babilonia su dieta estaba constituida principalmente de cerveza, grano, frutas, verdura y cebolla, nutrición poco diferente a la de la mayoría de la gente pobre de la antigüedad. Muchos salarios se cobraban en grano o directamente en cerveza. Además los países productores de cerveza no tenían obligación de participar en las guerras, pero sí eran obligados a pertrechar de cerveza el frente, ya que era alimento de primera necesidad y desinhibía a las tropas. También fue objeto de codicias diversas por parte de la gente poderosa, que hizo en algún caso un monopolio o cargó el comercio con importantes impuestos, originándose revueltas cuando la situación de presión era insostenible (recordemos que ha sido un alimento básico). Hoy en nuestros días la receta no ha variado mucho pero sí se ha especializado y cada zona tiene su empresa y su receta propia. Está la cerveza Lagger inventada por los monjes alemanes y que hoy en día la producen casi todas las casas cerveceras (San Miguel, Heineken…) o la cerveza Pilsen procedente del pueblo de Plizeñ (en alemán).

En el campo médico fue muy utilizada, ya que ingerir alcohol supone desde siempre consumir una bebida sin algunas bacterias corrientes como la salmonela.Ya en 1650 el Dr. S. Carpenter dejó escrito: “Un vaso de birra tomado con la comida principal del día hace más bien y menos daño que cualquier medicina que un médico pueda recetar.”

Los beneficios de la cerveza, si es bebida con moderación, son innumerables, además de alimentar por sí misma, es anticancerígena y ayuda a evitar la aparición de alzehimer.

Posee todas las vitaminas importantes del grupo B, a parte de las vitaminas A y D. El gás carbónico que alberga ayuda a la circulación de la sangre; posee polifenoles (previenen enfermedades coronarias),… y así una interminable lista de sustancias beneficiosas.

También tiene sus inconvenientes ya que su abuso puede provocar un serio problema de alcoholismo; pero en menor medida hace aparacer una “gran barriga cervecera”. A la hora de conducir también es un problema y es que según una compañía aseguradora: “el problema está en que los usuarios no tienen una adecuada percepción del consumo de alcohol con las bebidas de baja graduación como la cerveza, y desconocen, por ejemplo, que tres cañas son suficientes para dar positivo en un control de alcoholemia en una persona de 70 kilos, provocando que ésta pierda la mitad de los 12 puntos de su carnet de conducir”.
Después de esto que cada uno piense lo que quiera, yo brindaré porque sus beneficios son una realidad.



¡Salud!

K-no

24 de mayo de 2008

Una historia del Mediterráneo

Estamos a principios de los años noventa, tras hojear unos recortes de periódico acerca de la muerte de Pasolini, recorremos en Vespa la maltrecha llanura litoral de Ostia. Al fondo aparece el mar. Es una carretera apenas asfaltada salpicada de coches y basura. El estilo de las casas se adecúa a la perfección al caótico urbanismo de la costa italiana. En un descampado, entre un campo de fútbol devorado por vegetación lacia y amarillenta y unas verjas metálicas hay algo que otrora, quizá, fue una estatua. La cámara se acerca, la abraza. Allí murió P. Paolo Pasolini, asesinado tras recibir una brutal paliza y ser atropellado por su amante Piero Pelosi; o, según se dice, fruto de una conspiración política llevada a cabo por miembros del poder, temerosos de la capacidad de influencia de ciertos intelectuales de izquierdas.

Nanni Moretti nos traslada por momentos a 1975 -al final de la primera parte de este lírico e introspectivo, cercano al documental, ejercicio de cine que es Caro Diario (1993)-. Recupera una historia extraña. Recupera una historia que se sumerge en la convulsa andadura de la democracia y de la sociedad italiana durante las últimas décadas del siglo XX, sobre la cual han volcado su mirada multitud de cineastas del país transalpino. Uno de ellos, Marco T. Giordana ha querido utilizar el título de uno de los libros de poemas de Pasolini, La Mejor Juventud, como nombre para la película -realizada en el 2003- que mejor refleja el interés por las transformaciones y vivencias desarrolladas en este período.

Los años ’50 y ’60 en Italia son los años del “milagro económico”. Roma se muestra más sugerente que nunca al mundo; la escena de Anita Ekberg empapada, de noche, en la Fontana di Trevi (Dolce Vita, de Federico Fellini, 1960) es fiel muestra de ello. La burguesía, vacía ideológicamente, anquilosada en la omnipresencia del catolicismo-liberal de la D.C. (Democracia Cristiana), disfruta de los placeres que la vida ofrece. El crecimiento del país, bajo la hégira de Estados Unidos, es inaudito; sin embargo, éste no fue acompañado de las necesarias reformas sociales, pendientes tras la Segunda Guerra Mundial, lo cual no hizo sino ahondar en las diferencias entre el norte y el sur, que llegan hasta nuestros días. Vento di Terra de V. Marra (2004) muestra, a través de la dramática historia de un joven, esa inclemente y desestructurada ciudad que es la Nápoles del siglo XXI.

Los jornaleros sin tierras de la Campania, la Apulia o Sicilia se trasladan masivamente a las zonas industriales del V. del Poo, la Lombardía o Piamonte. Turín (sede de la FIAT Mirafiori, que en 1968 llegó a poseer una población obrera de 60.000 personas) acoge a los inmigrantes del Sur con recelo: apenas entienden su dialecto, muchos son analfabetos, son pobres, etc. Sobre estas líneas se desarrolla la película de Gianni Amelio, Cosí Ridevano (1998), en torno a la historia de dos hermanos emigrados de Sicilia: “… en los carteles pone, ‘se alquila piso’… pero no para los del Sur…” En Milán la situación es parecida, las gentes llegadas en busca de trabajo se agrupan en los barrios de chabolas de las afueras, los “coree” -cuyo auge parece describir ya Vittorio di Sica, en 1950, en Milagro en Milán, una de las cumbres del neorrealismo italiano-. Son los “terroni”, los paletos, llegados del Sur.

La decisión de abandonar sus hogares no está exenta de motivos. En un pequeño pueblo de pescadores de los años cincuenta, a orillas del Tirreno, un hombre ya mayor, hastiado y cansado, (Alfredo), le espeta a su joven amigo (Totó): “vete y no vuelvas jamás”; la escena es parte de la entrañable obra de G. Tornatore, Cinema Paradiso. La “renta per capita” es tres, cuatro, o, incluso, cinco veces inferior a la de las regiones industriales del Norte. La “Cosa Nostra” está empezando a reorganizar su poder en Sicilia gracias, entre otros, al apoyo americano en la Segunda Guerra Mundial o la revitalización del tráfico de heroína (la Conexión Francesa), y junto con los grandes latifundistas cortan cualquier posible tipo de asociacionismo obrero. Todavía ciertas zonas rurales de Calabria o Cerdeña se amparan en las más ancestrales y autoritarias formas de organización social. El tirano, el padre, interpretado magistralmente por Antonutti en Padre Padrone (1977), de los hermanos Taviani, puede recordarnos este tipo de sociedades campesinas pobres y aisladas.

Poco a poco, a medida que avanza la década de los sesenta, se observa un proceso de cambios profundos que provocarán la inversión de este proceso expansivo. Este ambiente es el contexto en el que se entiende la película de 1972 La classe operaia va in Paradiso, de Ellio Petri. Se consolida un nuevo modelo de capitalismo, impersonal -en su dirección y sus trabajadores, “el obrero masa” frente al obrero cualificado-, que sustituye al “capitalismo paternalista”, prototipo de las empresas textiles de la Emilia-Romagna. La desaceleración económica, el Mayo francés del ´68 y la participación estudiantil en los conflictos obreros, los cuales generalmente, son impulsados al margen de los sindicatos, provocan una serie de manifestaciones, paros, etc, que desembocarán muchas veces en enfrentamientos con la policía; como ocurre en el Otoño Caliente de 1969, motivado por la apertura de 40.000 expedientes de regulación de empleo por parte de la FIAT durante la huelga de uno de sus talleres.

En este punto, es donde se inicia La Mejor Juventud, que a través, de las vicisitudes de una familia italiana acomodada recorre las últimas décadas de la historia del país -parece querer poner punto y final a la magnífica Novecento de Bertolucci (1977), que recorre la primera mitad del siglo XX-. La película de Giordana se exhibe como un hermoso mural histórico y emocional, perfectamente decorado y equilibrado, retrato de la vida de dos hermanos cuyo paisaje de fondo son los hechos más determinantes de la historia contemporánea italiana. Uno de ellos, Nicola, recoge el espíritu crítico y renovador de las generaciones protagonistas de la Nueva Izquierda italiana. En 1966 aparece como voluntario en las inundaciones de Florencia; en 1969, se le ve en Turín en los disturbios que abrieron el camino de la tumultuosa década de 1970, “Los Años de Plomo”, fruto de la crisis general del sistema y el ascenso de la violencia. En esta época descubre el poder devastador del terrorismo de extrema izquierda (Brigadas Rojas) y de extrema derecha (cuyo oscuro origen nos remonta al interés de EE.UU. -operación Gladio- en mantener alejados a los comunistas del poder, es una fuerza desestabilizadora que posee el consentimiento del estado, “la estrategia de la tensión”). El primero, tratado por este mismo director en otra película, Maledetti, vi amerò (1979) -según la RAI “un retrato de la generación del 68 a medio camino entre terrorismo y desilusión”-, culmina en el asesinato del presidente democristiano Aldo Moro, partidario de negociar con el partido comunista. Buenos días, noche (2003) de Marco Bellocchio nos acerca de forma apasionante a este dramático suceso que conmocionó a Italia. Por su parte, el “terrorismo negro o fascista” deja, tras una década de bombas anónimas e indiscriminadas, un reguero final de sangre de 80 muertos en la estación central de trenes de Bolonia en 1980.




Los ’80 comienzan -donde finaliza la primera parte de La Mejor Juventud- con la regulación de empleo de 23.000 obreros de la FIAT. Es el final de los movimientos de la izquierda extraparlamentaria, tema tan recurrente en la reflexiva obra de Nanni Moretti. Buen ejemplo de ello son Pallombella Rossa (1989) o Aprile (1996), relato en el que se cuestiona acerca de su propia obra como director, su sueño: hacer un musical de un panadero trotskista en la Rusia estalinista.

Los ochenta están marcados por la continuidad de la inestabilidad política, la recuperación económica y con ella la omnipresencia de la mafia en el sur del país y sus relaciones con la política, el fin de los movimientos obreros a gran escala y la corrupción administrativa e inmobiliaria. Tal situación conduce a una sucesión de gobiernos incapaces de dar solución a los problemas del país, con personajes de dudosa legalidad como Andreotti. A mediados de los noventa es necesario incluso, disolver y reorganizar las instituciones republicanas. Después, la victoria de Silvio Berlusconi a fines de esta década (con su partido “Forza Italia”, homónimo al canto de los aficionados al fútbol italianos) o la utopía xenófoba de U. Bossi, cuya idea es fundar en el norte el estado de Padania, nos han de hacer pensar sobre el omnipresente poder de los grandes medios de comunicación actuales y las enormes fortunas acumuladas, que parecen anular cualquier ejercicio democrático. Sobre esta parte final de la historia de Italia, ahora de actualidad, por la nueva elección de Berlusconi, son significativas las películas, de nuevo de Nanni Moretti, Aprile y El Caimán , Ora o Mai Piu de L. Pellegrinni, que ahonda en la actuación policial durante la cumbre del G-8 de Génova en el año 2001 o finalmente, la segunda parte de La mejor Juventud.

El pasado de esta entidad, a veces más bien exclusivamente imaginaria, llamada Italia, ha sido fuente inagotable de inspiración para el cine italiano. ¿Por qué italiano? Por cercanía o incomprensión, más que pasión o nacionalismo. Directores atormentados ante una realidad que roza el surrealismo. “1945, un navío de la armada inglesa se acerca al puerto de una pequeña isla griega del Egeo. Se dirige a recoger y devolver a su patria a unos cuantos soldados italianos que la habían tomado hacía unos años. Allí, se habían dedicado simplemente a disfrutar de la vida. Cuando se dirigen hacia el navío inglés, se habla de que “hay que reconstruir Italia”, “volver a empezar”. Uno de ellos decide permanecer en aquel pueblecito de pescadores, abandona a sus compañeros y ve alejarse al barco en el horizonte, desde el muelle”. Mediterráneo (1991) de Gabriele Salvatore, está dedicada a todos los que huyen. A todos los que se alejan de esa turbia historia que es la Italia de finales del siglo XX. Una turbia historia estrechamente ligada al cine.

Texto:D.D.M.
Ilustración:D.B.P.

La rana y el renacuajo

En la orilla del Tajo
hablaba con la rana el renacuajo,
alababan las hojas, la espesura
de un gran cañaveral y su verdura.
Más luego que del viento
el ímpetu violento
una caña abatió, que cayó al río,
en tono de lección dijo la rana:
"Ven a verla, hijo mío:
Por de fuera muy tersa, muy lozana,
por dentro toda fofa, toda vana".
Si la rana entendiera poesía,
también de muchos versos lo diría.

Ellos

Ellos saben si soy o si no soy,
ellos abren la puerta y dicen: "Pase",
miran y relativamente son felices,
endosan el destino como un cheque
y eructan, aquiescentes, sin provocar a
nadie.
Ellos saben si soy o si no soy,
por detrás de los dientes dicen: "Hola",
hablan y relativamente son ingenuos
y sencillos y escupen y recelan
y traspiran a veces en dos dedos de frente.
Ellos saben si soy o si no soy,
ellos cierran la mano y dicen: "Pero"
viven y relativamente son milagros
y sueldo y providencia y mal aliento
y gastan por docenas los pañuelos sin
lágrimas.
Ellos saben si soy o si no soy,
ellos miran al cielo y dicen "¿Cuánto?",
pasan y relativamente son nombrados,
pero yo, como ellos me instruyeron,
no digo ni caramba ni ahí te pudras.
Poemas de la oficina, Mario Benedetti

23 de mayo de 2008

El origen del hombre y el amor

Sócrates y otros comensales se encuentran en casa de Agatón celebrando un banquete, en cierto momento surge el tema del amor, y Aristófanes, autor de comedias, da un discurso sobre el mismo: “me parece que los hombres no se dan cuenta en absoluto del poder del amor, ya que, si se hubieran dado cuenta, le habrían construido los más grandes santuarios y altares, y le harían los sacrificios más grandes, no como ahora, que no sucede nada de esto, cuando debería suceder por encima de todo. Pues es, el de los dioses, el mayor amigo de los hombres, ya que los ayuda y es su médico en enfermedades de las que, una vez curados, provendría la mayor felicidad para el género humano. Yo, pues, trataré de exponeros su poder, y vosotros, por vuestra parte, seréis maestros de otros. Pero debéis, en primer lugar, conocer la naturaleza humana y sus vicisitudes, ya que nuestra naturaleza de antaño no era la misma de ahora, sino distinta.
En primer lugar, tres eran los sexos de los hombres, no dos como ahora, masculino y femenino, sino que había además un tercero que era común a esos dos, del cual perdura aún el nombre, aunque él mismo haya desaparecido. El andrógino, en efecto, era entonces una sola cosa en cuanto a figura y nombre, que participaba de uno y otro sexo, masculino y femenino, mientras que ahora no es sino un nombre que yace en la ignominia.
En segundo lugar, la figura de cada individuo era por completo esférica, con la espalda y los costados en forma de círculo; tenía cuatro brazos e igual número de piernas que de brazos, y dos rostros sobre un cuello circular, iguales en todo; y una cabeza, una sola, sobre estos dos rostros, situados en direcciones opuestas, y también cuatro orejas, dos órganos sexuales y todo lo demás según puede uno imaginarse de acuerdo con lo descrito hasta aquí. Caminaba además erecto, como ahora, en cualquiera de las dos direcciones que quisiera; mas cada vez que se lanzaba a correr rápidamente, del mismo modo que ahora los saltimbanquis dan volteretas haciendo girar sus piernas hasta alcanzar la posición vertical, avanzaba rápidamente dando vueltas, apoyándose en los ocho miembros que tenía entonces.
Eran tres los sexos y de tales características por la siguiente razón: lo masculino era en un principio descendiente del sol, lo femenino de la tierra, y lo que participaba de ambos de la luna, porque también la luna participa de lo uno y de lo otro. Y precisamente eran circulares ellos mismos y su manera de avanzar por ser semejantes a sus progenitores. Eran, pues, terribles por su fuerza y su vigor y tenían gran arrogancia, hasta el punto de que atentaron contra los dioses. Y lo que dice Homero de Oto y Efialtes; se dice también de ellos, que intentaron ascender al cielo para atacar a los dioses.
Entonces Zeus y los demás dioses deliberaron lo que debían hacer con ellos, y se encontraban ante un dilema, ya que ni podían matarlos ni hacer desaparecer su raza, fulminándolos con el rayo como a los gigantes, porque entonces desaparecerían los honores y sacrificios que los hombres les tributaban, pero no podían permitir que siguieran siendo altaneros. Tras mucho pensarlo, al fin Zeus tuvo una idea y dijo: ‘Me parece que tengo una estratagema para que continúe habiendo hombres y dejen de ser insolentes, al hacerles más débiles. Ahora mismo voy a cortarlos en dos a cada uno, y así serán al mismo tiempo más débiles y más útiles para nosotros, al haber aumentado su número. Caminarán erectos sobre dos piernas; pero si todavía nos parece que son altaneros y que no están dispuestos a mantenerse tranquilos, de nuevo otra vez los cortaré en dos, de suerte que avanzarán sobre una sola pierna a la pata coja’.

Dicho esto, fue cortando a los hombres en dos, como los que cortan las serbas y las ponen a secar o como los que cortan los huevos con crines. Y a todo aquel al que iba cortando, ordenaba a Apolo que le diera la vuelta al rostro y a la mitad del cuello en la dirección del corte, para que, al contemplar su seccionamiento, el hombre fuera más moderado; ordenaba también curarle lo demás. Apolo le iba dando la vuelta al rostro y, recogiendo la piel que sobraba de todas partes en lo que ahora llamamos vientre, como ocurre con las bolsas cerradas con cordel, la ataba haciendo un solo agujero en mitad del vientre, precisamente lo que llaman ombligo.
En cuanto al resto de las arrugas, la mayoría las alisó, y conformó el pecho sirviéndose de un instrumento semejante al que emplean los zapateros para alisar sobre la horma las arrugas de los cueros. Mas dejó unas pocas, las que se encuentran alrededor del vientre mismo y del ombligo, para que fueran recordatorio de lo que antaño sucedió.
Así pues, una vez que la naturaleza de este ser quedó cortada en dos, cada parte echaba de menos a su mitad, y se reunía con ella, se rodeaban con sus brazos, se abrazaban la una a la otra, anhelando ser una sola naturaleza, y morían por hambre y por su absoluta inactividad, al no querer hacer nada los unos separados de los otros. Y cada vez que moría una de las mitades y sobrevivía la otra, la que sobrevivía buscaba otra y se abrazaba a ella, ya se tropezara con la mitad de una mujer entera, lo que precisamente llamamos ahora mujer, ya con la mitad de un hombre; y de esta manera perecían.
Mas se compadeció Zeus y se ingenió otro recurso: trasladó sus órganos genitales a la parte delantera (porque hasta entonces los tenían también por fuera, y engendraban y parían no los unos en los otros, sino en la tierra, como las cigarras).Los trasladó, pues, de esta manera a su parte delantera e hizo que por medio de ellos tuviera lugar la concepción en ellos mismos, a través de lo masculino en lo femenino, a fin de que, si en el abrazo se encontraba hombre con mujer, engendraran y siguiera existiendo la especie, mientras que si se encontraba hombre con hombre, hubiera al menos plenitud del contacto, descansaran, prestaran atención a sus labores y se ocuparan de las demás cosas de la vida.

Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de unos a otros innato en los hombres y aglutinador de la antigua naturaleza, y trata de hacer un solo individuo de dos, y de curar la naturaleza humana. Cada uno de nosotros es, por tanto, una contraseña de hombre, al haber quedado seccionados, como los lenguados, en dos de uno que éramos. Por eso busca continuamente cada uno su propia contraseña.
En consecuencia, cuantos hombres son sección del ser común que en aquel tiempo se llamaba andrógino, son aficionados a las mujeres, y la mayoría de los adúlteros proceden de este sexo; y, a su vez, cuantas mujeres son aficionadas a los hombres y adúlteras proceden también de este sexo. Pero cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que se interesan más bien por las mujeres, y las lesbianas proceden de este sexo.

Y, cuantos son sección de varón, persiguen a los varones, y, mientras son niños, como son rodajitas de varón, aman a los hombres y disfrutan estando acostados y abrazados con los hombres, y son éstos los mejores de los niños y muchachos, por ser los más viriles por naturaleza. Hay quienes, en cambio, afirman que son unos desvergonzados, pero se equivocan, pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y virilidad, porque desean abrazarse a lo que es semejante a ellos. Y una clarísima prueba de ello es que, cuando llegan a su completo desarrollo, los de tal naturaleza son los únicos que resultan viriles en los asuntos políticos. Y cuando se hacen hombres, aman a los muchachos y no se preocupan del matrimonio ni de la procreación de hijos por inclinación natural, sino obligados por la ley, pues les basta pasarse la vida unos con otros sin casarse. En consecuencia, la persona de tal naturaleza sin duda se hace amante de los muchachos y amigo de su amante, ya que siempre siente predilección por lo que le es connatural.
Así pues, cuando se tropiezan con aquella verdadera mitad de sí mismos, tanto el amante de los muchachos como cualquier otro, entonces sienten un maravilloso impacto de amistad, de afinidad y de amor, de manera que no están dispuestos, por así decirlo, a separarse unos de otros ni siquiera un instante. Y los que pasan la vida entera en mutua compañía son estos, que ni siquiera sabrían decir lo que quieren obtener unos de otros. Nadie, en efecto, podría creer que lo que pretenden es la unión en los placeres sexuales, y que es ése precisamente el motivo por el que el uno se complace en la compañía del otro con tan gran empeño.
Al contrario, el alma de cada uno es evidente que desea otra cosa que no puede decir con palabras, sino que adivina lo que desea y lo expresa enigmáticamente. Y si cuando están acostados juntos se les presentara Hefesto con sus instrumentos y les preguntara: ‘¿Qué es lo que deseáis, hombres, obtener el uno del otro?’; y si, al no saber ellos qué contestar, les volviera a preguntar: ‘¿Acaso lo que anheláis es estar juntos lo más posible el uno con el otro, de suerte que ni de noche ni de día os faltéis el uno al otro? Porque si es eso lo que anheláis, estoy dispuesto a fundiros y a unir vuestras naturalezas en una misma, de forma que siendo dos lleguéis a ser uno solo y, mientras viváis, como si fuerais uno sólo, viváis los dos en común, y, cuando hayáis muerto, allí también, en el Hades, en lugar de dos seáis uno, muertos ambos en común. ¡Ea! mirad si es esto lo que anheláis y si os dais por satisfechos con conseguirlo’.
Al oír esto, sabemos que ni siquiera uno solo se negaría ni dejaría ver que desea otra cosa, sino que sencillamente creería haber escuchado lo que anhelaba desde hacía tiempo, es decir, unirse y fundirse con el amado y llegar a ser uno sólo de dos que eran. Pues la causa de esto es que nuestra antigua naturaleza era esa que se ha dicho y éramos un todo; en consecuencia, el anhelo y la persecución de ese todo recibe el nombre de amor.
Antes, como digo, éramos un sólo ser, pero ahora, por la falta cometida, hemos quedado separados por la divinidad, como los arcadios por los lacedemonios. Existe, pues, el temor de que, si no somos ordenados en nuestras relaciones con los dioses, seamos de nuevo divididos y vayamos de acá para allá a la manera de los que están esculpidos de perfil en las estelas, aserrados en dos por las narices, convertidos como en téseras…. Por eso todo hombre debe exhortar a los demás a mostrarse piadosos en todo con los dioses, a fin de que evitemos unas cosas y consigamos otras, teniendo a Eros como guía y caudillo nuestro. Que nadie obre contra él, ni cualquiera que se enemiste con los dioses, porque si nos hacemos amigos y nos reconciliamos con ellos, descubriremos y nos encontraremos con nuestros amados correspondientes, cosa que ahora logran sólo unos pocos.
Y que no me interrumpa Erixímaco y se burle de mi discurso, pensando que me refiero a Pausanias y Agatón, pues tal vez dé la casualidad de que ellos sean de ésos y ambos varones por naturaleza, sino que, claro está, yo me estoy refiriendo a todos, hombres y mujeres, cuando digo que nuestra raza sólo podría llegar a ser feliz si lleváramos a su culminación el amor y cada uno encontrará a su propio amado, retornando a su antigua naturaleza. Y si esto es lo mejor, forzosamente, en las circunstancias actuales, lo mejor ha de ser lo que esté más cerca de ello, esto es, encontrar un amado cuya naturaleza corresponda a nuestro carácter. Por consiguiente, si queremos celebrar al dios causante de esto, con justicia celebraríamos a Eros, que en el presente es nuestra mayor ayuda, conduciéndonos hacia lo que nos es afín, y para el futuro nos proporciona las mayores esperanzas de que, si mostramos piedad para con los dioses, nos restablecerá en nuestra antigua naturaleza y nos curará, hasta hacernos dichosos y felices”.

(Banquete, Platón)
Tomoe

El agua (primera parte)


Las sociedades antiguas daban una gran importancia al agua: organizaban métodos para garantizar su pureza y abundancia, ya que entendían que es algo más que un recurso, es el origen de la vida; lo consideraban un privilegio y tenían una percepción espiritual de ella. ¿Quién no se ha embelesado observando el agua, o se ha sentido mejor después de una ducha?, considerándose, en este último caso, más una ablución que una simple medida de higiene. Actualmente lo consideramos un recurso o un bien barato y fácil de conseguir (debido a nuestro suministrador, el señor Grifo); construimos presas, diques, mil sistemas para almacenarlo y dar uso de él. Todos los sistemas de industria y agricultura dependen de ello.

El 3% de agua del mundo es dulce y el 99% de éste está en forma de glaciares, casquetes de hielo o bajo tierra. Aún así, bastaría para las necesidades humanas mundiales si se utilizara de forma sostenible, se repartiera equitativamente y se redujera los niveles actuales de vertidos y contaminación.

Ciclo global del agua
El ciclo global del agua, que todos conocemos (evaporación-precipitación), está influido por la acción humana. Es un organismo vivo y debemos conocer y proteger las bases en las que se apoya: una vegetación abundante y variada (influye en la velocidad con que el agua recorre el ciclo: cuanto más densa y frondosa sea más agua de lluvia retiene, más húmedo está el suelo, más suave es el clima y más constante el flujo de los ríos), una tierra sana, ríos que fluyan sin obstáculos y humedales no alterados. Es peligroso explotar en exceso los acuíferos, acelerar la velocidad del ciclo y socavar lentamente sus fundamentos.

Clima
El vapor de agua, junto con CO2, metano y otros gases de efecto invernadero, regula la temperatura de la tierra, ya que retiene la energía de los rayos del sol; pero también sirve de aislante cuando aprieta el sol, ya que cuanta más humedad haya en la atmósfera, más tiempo tardará en calentarse, y en enfriarse después. Cuanto mayor es la distancia al mar (origen de la humedad) más seco y más duro es el clima. En Europa la temperatura sería mucho más baja y extrema si no fuera por la Corriente del Golfo (de México) que calienta nuestro continente. En la capacidad del planeta para redistribuir el calor, el agua juega un papel importantísimo. Un cambio de un solo grado en la temperatura media de la atmósfera terrestre ejercería un efecto espectacular en la cantidad y distribución de las precipitaciones en todo el mundo.

Paisaje y vida vegetal
El agua es uno de los causantes de la formación del relieve que nos rodea. Las plantas, no sólo crean microclimas favorables, además ejercen un efecto moderador sobre el clima de regiones enteras.

El agua es todo un misterio. Es la única sustancia natural que, en las condiciones que se dan en la Tierra, pasa por los estados de agregación: sólido, líquido y gaseoso. No se comprende todavía cómo se comporta el agua en movimiento: los ríos tienen vida propia, cambian su cauce y saber cómo utilizan su energía es impenetrable. Predecir la estabilidad de los ecosistemas y la cantidad de cambios que puedan soportar es más difícil que predecir el tiempo; la observación es a veces más eficaz que los métodos científicos.

El agua nos indica el camino
Deberíamos ser los humanos los que nos adaptáramos a la naturaleza, no ella a nosotros: utilizar el agua teniendo en cuenta el comportamiento natural de ésta, alterar el medio natural lo menos posible para la agricultura, cazar o pescar un número limitado de animales para garantizar la supervivencia de sus poblaciones, y, en general, aprovechar los recursos naturales sin atentar contra ellos.

La sociedad actual se ha convertido en usuaria, explotadora: usa tecnologías que no tienen en cuenta los procesos naturales y se basa en los limitados conocimientos aportados por la investigación científica. Hemos dejado el mundo natural para adentrarnos en ambientes artificiales.

El agua para beber
El 70% del cuerpo humano se constituye de agua, sudamos para regular la temperatura de nuestro cuerpo, somos agua y dependemos de ella para sobrevivir.

En la antigüedad éramos respetuosos con el agua, lo respetábamos y nos adaptábamos a los suministros naturales. Al crecer la población se pasó de amoldarse al agua a amoldar el agua: se construyeron túneles para transportar agua desde largas distancias, así como otras infraestructuras. En la actualidad, menos del 20% de la población mundial cuenta con agua corriente y desagües (el señor Grifo es todo un lujo). 2/3 de la humanidad se abastecen del mismo modo que sus antepasados (llevando agua en cántaros, por ejemplo). En África sigue en vigor antiguas leyes que regulan el uso y distribución del agua, por tanto, los proyectos modernos han de tenerlos en cuenta y adaptarse a las necesidades de cada pueblo. Las modernas tecnologías hidrológicas y sanitarias de occidente no se pueden aplicar indiscriminadamente a cualquier contexto climatológico, ecológico o social.

Nuestro sistema de abastecimiento y eliminación (agua potable de calidad que se va por el desagüe) fuerza demasiado los sistemas hidrológicos naturales y acabará resultando excesivamente caro (más de lo que ya resulta el recoger y depurar las aguas residuales). Tendríamos resultados igualmente satisfactorios si utilizáramos el agua de lluvia y separáramos las diferentes aguas residuales para reciclar una parte (comprobado en muchas regiones).

El agua lo hemos convertido en un recurso finito debido a la contaminación y el crecimiento de la demanda. Los fertilizantes y pesticidas se filtran y contaminan el agua subterránea. También el estiércol líquido supone un grave problema debido a la explotación animal, que se ubica en una zona determinada y excede la cantidad sostenible de estiércol que puede alimentar a la tierra; habría que mantener un equilibrio entre pastos y animales. La contaminación de los acuíferos poco profundos es algo que hay que parar, ya que éstos son más rápidos que los profundos en regenerarse. Una de las soluciones sería sustituir los productos contaminantes (pesticidas, detergentes, aceites, etc) por alternativas biodegradables. Más del 25% de los acuíferos europeos son inservibles como fuente de agua potable debido a su imposibilidad de regeneración.

Los lagos se acidifican como consecuencia de la lluvia ácida: el embalse se vuelve tóxico, sin vida en sus aguas, y se hace muy difícil su rehabilitación. Lo mismo pasa con la tierra que, a pesar de su capacidad neutralizadora (carbonato cálcico y carbonato magnésico), también se está acidificando, provocando la muerte de la vida vegetal. Para frenar la acidificación se emplean sustancias alcalinas (hidróxido metálico muy soluble en agua que proporciona energía) y cal, pero no es suficiente.

Para mantener el abastecimiento “interminable” de agua, los políticos y las empresas hidrológicas emplean tecnologías y estrategias intervencionistas de gran impacto, tales como la recarga artificial de acuíferos, la canalización a grandes distancias, la extracción de aguas subterráneas antiguas y la depuración de aguas, pero la contaminación y sobreexplotación continúan sin control.

Los métodos de depuración no son efectivos cien por cien: no se saben con certeza los efectos de residuos químicos o de sustancias empleadas en los procesos de purificación; los toxicólogos advierten de que unas pocas moléculas de algunas sustancias pueden provocar alergias y enfermedades.

El suministro de agua está cayendo paulatinamente en la privatización (70% en Francia, 25% en España, aproximadamente). Esto supone que las personas pasan de participar poco a nada en la toma de decisiones con respecto al agua, por ejemplo en las medidas a tomar por la escasez de agua: construir un embalse o ahorrar agua. Las empresas hidrológicas sacan provecho, se lucran, con la contaminación. Son parte de empresas con una gran flota de tecnología medioambiental: empresas de construcción (infraestructuras medioambientales e hidrológicas, carreteras, puentes,...), asesorías técnicas, incineradoras, vertederos, y un largo etcétera; y no aplican soluciones, simplemente se aprovechan del sistema y de la escasez de agua: el coste del agua es cada vez mayor y las empresas contaminantes quedan impunes, siendo los ciudadanos los que pagan el plato.

Éstas no son las únicas empresas que se lucran con la naturaleza y su destrucción: el agua embotellada es una industria que va en aumento (Nestlé controla más del 20% del mercado mundial) y se aprovecha de recursos hídricos que deberían ser públicos; a pesar de todo, tampoco se escapa de la contaminación.

Se debería planificar el suministro de agua de forma que cada región administre sus recursos hidrológicos (autosuficiencia regional); además de reciclar el agua, para una menor extracción de la naturaleza, frenar la contaminación, ejercer un uso sostenible y proteger los ríos, lagos y acuíferos.
Pitao Cocijo

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Las personas y el conocimiento

Poco antes del nacimiento de Tales de Mileto -por distintos motivos considerado canónicamente padre de la filosofía (y ciencia) occidental, y por ende, del pensamiento racional- se produjo en la ciudad de Mileto, una descarnada lucha entre los “plusioi” (los ricos) y “queiromaques” (los que trabajan con las manos), que culminó no se sabe exactamente, ni por quién, ni cómo, en la caída de la tiranía. Se creó, de este modo, una especie de “republica mercantil”, dirigida de una manera más o menos directa, por los grandes comerciantes de las polis, mientras los esclavos trabajaban las minas, las mujeres el textil y los hombre libres la tierra y la artesanía.

Tales, ya viniese de Fenicia, o fuera natural de Mileto, parece ser según Aristóteles, que llegó a hacer una considerable fortuna, gracias a cálculos astronómicos con los que pudo predecir una buena cosecha aceitunera. Por otra parte, la situación de Mileto en esta época a la que nos referimos, en torno al s. VI a.C., es en términos generales de suma prosperidad, un puente comercial entre Oriente y Occidente. Todo ello reporta, sin duda, un trasvase de conocimientos desde Egipto y Babilonia, de vital importancia en la evolución del pensamiento griego, cuya entrada se facilita por la ausencia de una fuerte coerción religiosa: conceptos matemáticos, geométricos,…

Nos encontramos de este modo, con un hombre que posee una situación económica desahogada, en un centro mercantil de primer orden. ¿Es una contingencia sin importancia?
Cualquiera de los trabajadores milesios antes mencionados tiene las facultades necesarias, en tanto que seres humanos, para desarrollar la “concepción racional” que tuvo del mundo Tales. Más allá de la cuestión acerca de la verisimilitud de estos hechos en relación a Tales, me parece curioso preguntarse, como sin duda han hecho muchos, acerca de las circunstancias que suscitaron, precisamente, el surgimiento de este simbólico punto de partida de la filosofía en un tiempo y espacio, más o menos, concreto. Quizá, resulte simplificador -lo cual, por una parte, es obvio, pero la cuestión no es acerca de la herencia que recoge, si es un proceso de ruptura total con el mito o no, por ejemplo, sino, por así decirlo, el origen, uso y forma de extensión social de toda innovación-. Es normal que nadie admita que el surgimiento de la filosofía occidental tuvo lugar entre los escitas de las estepas rusas o entre los braceros que entregaban en la Atenas anterior a Solón los 5/6 de su cosecha a los terratenientes. Lo cual, no me parece una cuestión totalmente frívola y trivial.

En todo ámbito del saber, como la filosofía, se produce un fenómeno universalista en dos sentidos, más bien paralelos. La verdad objeto de conocimiento torna en seguida universal y necesaria. A la par, el sujeto cognoscente no es únicamente el individuo que ha desarrollado ese “méthodos” para conquistarla, sino que siempre, de forma más o menos voluntaria, se presupone que lo es toda la humanidad. Las consecuencias alcanzan y sobrepasarán nuestros días: “la historia de la humanidad”, “el progreso de la humanidad”,…

Atendamos a la Metafísica aristotélica cuya primera frase es: “el hombre se inclina al saber (eidenai)”; a Heráclito, que le sitúa como el único ser capaz de comprender el orden que rige el “cosmos”; y a Platón, quien afirma que el hombre (el alma) contempló “las Ideas” (la auténtica realidad, la ciencia) en el Mundo Inteligible, pero las olvidó al reencarnarse en el Mundo Sensible. Por todo lo dicho, podríamos suponer que en cualquiera de los extractos sociales antes mencionados, pudiera haber surgido el adalid del pensamiento racional occidental o ilustres epígonos innovadores.

Sin embargo, enseguida Heráclito apuntilla su afirmación, y señala, cómo sólo serán capaces de comprender la unidad que encierra el mundo, oculto tras la continua apariencia de cambio y transformación, aquellos que estén despiertos, que escuchen el “logos”. Platón afirma que para llegar a recordar esas Ideas, esos conceptos puros, es necesario, entre otros, un proceso de aprendizaje dialéctico, que te permita ascender por los distintos grados del saber. Y, finalmente Aristóteles, señala cómo cuando uno tiene todo resuelto materialmente, es cuando posee “sjolé”, es decir, tiempo libre para conseguir su plena realización. El ejemplo puede extrapolarse a muchas más corrientes de pensamiento (filosófico o científico), que presuponen la existencia de una verdad, o una aproximación a la misma, y un camino (método) para alcanzarla.

No se trata de poner en duda el impulso que otorgaron estos hombres a la investigación en todos los campos del saber y a la sinceridad en los propósitos que manifiestan; sino de advertir que todo avance acaecido en nuestro pasado y presente carece de virtud alguna si no se manifiesta en términos de igualdad, y no sólo a la hora de propagarse, también en el mismo momento de surgir.

El armazón intelectual, cada vez con mayores aplicaciones prácticas, con el que se alimentan y protegen las minorías selectas económicas (y políticas) y que, a fin de cuentas, son las únicas capaces de financiar, hace cundir, cuanto menos, ciertas sospechas. Un sutil mecanismo que divide, separa, e, involuntariamente, diferencia. Todos “podemos” llegar a conocer, participar activamente del “progreso humano”, pero, ¿quién lleva las riendas, quién conoce?

El constante fluir y abstracción conceptual del mundo, el devenir científico-tecnológico o algo tan clave como el desarrollo epistemológico, ¿acaso no es y ha sido ajeno a la inmensa mayoría de la Humanidad, que se supone el sujeto activo de todo ello? ¿No se encuentra el ser humano alienado, enajenado ante ella, incapaz de comprender algo que se le atribuye y jamás ha creado; y, en consecuencia, no lo admite todo apabullado, sin hacer uso de la maltrecha razón, clave de su ser?, ¿quién nos ha considerado a todos igual de interesados, en objetivos que no nos hemos planteado?

A veces, la ignorancia es atrevida, pero el conocimiento prepotente; no es nada, no posee rencor ni bondad, necesita alguien que le guíe. Miremos a nuestro alrededor. El debate no es gnoseológico o científico, sino humano.


Nota: Thomas Newcomen, gracias a un proceso de optimización experimental consiguió desarrollar una máquina de vapor atmosférica para bombear agua fuera de las minas, de forma más fiable y eficaz. Corren las primeras décadas del siglo de las luces, nos situamos en Cornualles. Los mineros ya no tendrán que desaguar las galerías antes de extraer el mineral, ahora pueden dedicar a ello todo su tiempo. Los beneficios se multiplican, pero, ¿cuáles?
D.D.M.

Tokio Blues ("Norwegian Wood") de Haruki Murakami

Terminé de leer Tokio Blues un día a las 5:30 de la madrugada. Al finalizarlo lo único que me apetecía era escupir en un papel todas las sensaciones que me había removido por dentro. Pero pensé que ya era suficientemente tarde y lo dejé para el día siguiente. Al despertarme, sólo pude pensar en Naoko.

Naoko es la compleja y caótica novia de Toru Watanabe, protagonista de la obra. La historia comienza cuando Watanabe aterriza en un aeropuerto alemán y al oír la canción de Los Beatles Norwegian Word se teletransporta mentalmente a los años de su juventud recordando con nostalgia a la misteriosa Naoko. Su relación sentimental con ella estaba marcada por el suicidio de su mejor amigo, y por aquel entonces novio de Naoko. El triángulo de amistad y amor que formaban se rompió y se quedaron solos en un mundo en el que sentían extrañeza, muriendo también ellos un poco por dentro. Bajo estas circunstancias, llegado el día, el caos emocional y psicológico de ella estalla y se distancian, quedando Watanabe en la incertidumbre de no saber si esperar a Naoko o seguir experimentando con Midori (verde en japonés), chica desenfadada e irreverente que aparece en su vida para hacerla más soportable.

Así pues, Tokio Blues narra con gran belleza melancólica y sencillez el paso a la vida adulta de Watanabe, encontrando por el camino el desengaño y deslumbramiento en el sexo, el amor y la muerte, explorando en los abismos de la complejidad de las relaciones personales. Su protagonista es un chico solitario que se mantiene ajeno a sus compañeros de residencia universitaria, refugiándose en su mundo interior de libros, discos y chicas complicadas.

Alejado de todo su entorno universitario, harto de escuchar siempre los mismos discursos y mismos eslóganes entre el movimiento contestatario estudiantil llega a afirmar que “su enemigo no es el Estado, sino la falta de imaginación”. Y no es que se trate de un reaccionario, pues también veía absurda la izada de bandera que se producía en el patio todas las mañanas, sino más bien de un individualista ajeno al mundo que se mueve a su alrededor.

Murakami nos describe una moderna Tokio de los años 70, en la que las escenas eróticas son narradas con gran naturalidad y belleza, impregnadas con la dulzura de lo que pasa porque tiene que pasar. Los hechos podrían transcurrir perfectamente en cualquier ciudad europea, ya que el autor se aleja de la visión del Japón clásico, en un Tokio ya metido en la modernidad.

Otro tema que ronda por todo el libro es el de la muerte. Y es que en Tokio Blues, muchos de los personajes se rompen en algún momento, su cabeza hace crack como vía de escape a una situación vital que ya no es sostenible. Y tras esto sólo les queda el sanatorio, la nada, o empezar de cero para los más fuertes, con las cicatrices de lo que se deja atrás.

Algo que envuelve toda la obra son las canciones. Muchas de las situaciones narradas están acompañadas de un tocadiscos reproduciendo a John Coltrane, Rolling Stones, Bee Gees, Miles Davis… o una voz y una guitarra cantando el Norwegian Wood (“Una vez tuve a una chica o tal vez ella me tuvo a mí”) de Los Beatles (entre muchas otras del cuarteto de Liverpool), piezas de Bach, etc., marcando esos instantes de forma que pueden ser recordados años después al volver a escuchar una de esas melodías. Una banda sonora para cada momento vital, la magia de las canciones reflejadas en una forma de narrar opiácea y adictiva.

Otra de las cosas muy presentes en la novela son las referencias a los clásicos de la literatura que forman parte del amplio mundo cultural de algunos de los personajes. Así podemos ver menciones a La Montaña Mágica, El Guardián Entre El Centeno, Guerra y Paz o comentarios sobre los grandísimos Hermann Hesse, Boris Vian, Dickens, Dante y muchos otros, para hacer las delicias de los más ilustrados.

Todo esto forma el universo Murakami, universo en el que los inestables protagonistas interactúan entre sí, jugueteando con la vida, la muerte y la cordura, en un camino con banda sonora en el que tendrán que sobrevivir al sexo, al amor, a la amistad y a sí mismos. Como dirían The Raveonettes “Love Can Destroy”.

Kaliayev