6 de enero de 2009

Diciembre

El 1 de diciembre de 1981 se registra el primer caso de SIDA. En recuerdo, la ONU declara este día Día mundial contra el SIDA.

El 3 de diciembre de 1967 se realiza el primer trasplante de corazón de la historia en la Universidad de Ciudad de El Cabo.

El 8 de diciembre de 1980 muere John Lennon, miembro del grupo inglés The Beatles.

El 10 de diciembre de 1948 se adopta la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El 17 de diciembre de 1989 se emite el primer capítulo de la exitosa serie Los Simpsons.

El 25 de diciembre de 1977 muere el cineasta inglés Charles Chaplin, a la edad de 88 años.

El 26 de diciembre de 1893 nace Mao Zedong, máximo dirigente del Partido Comunista de China y de la República Popular de China.

El 31 de diciembre de 1942 nace Andy Summers, guitarrista del grupo The Police.




BURGOS:

12 de diciembre 1878
Muere don Manuel Martínez Sanz, uno de los escritores locales más ilustres, autor de “Historia del templo catedral de Burgos” o “Episcopologio de Burgos” entre otros.

20 de diciembre 1506
Poco después de la visita que Juana I de Castilla hizo al cadáver de su marido en la Cartuja de Miraflores, partió de dicho monasterio en extraña comitiva atravesando los campos de Castilla, conduciendo el cadáver de Felipe el Hermoso hasta Torquemada.

21 de diciembre 1710
Este día se festejó en toda la ciudad la victoria del ejército de Felipe V en la batalla de Villaviciosa, librada el 10 de diciembre.La Escuela de estudiantes del Colegio San Pablo organizó una curiosa máscara compuesta de 21 parejas alusivas al asunto.

23 de diciembre 1855
Los restos del invencible guerrillero Juan Martín “El Empecinado” fueron solemnemente traídos de Roa, en donde pereció olvidado, y gloriosamente sepultados frente al cementerio antiguo.


Silvia Castrillo

LOS BARES

Ese lugar en el que se reúnen personas de todas las clases sociales, de todas las tendencias políticas, de todas las edades y condiciones.

Es curioso que esos lugares sean frecuentados por prácticamente todas las personas, y, a su vez, es bonito, ya que son lugares de encuentro donde compartiendo una cañita y un cigarrillo se cuentan las alegrías y las penas de los allí presentes.

Escribo este artículo para refrendar ese espíritu, el de los amigos que van a un bar a tomarse su cafetito y a pasar, bajo mi humilde punto de vista, esos pequeños momentos que no se aprecian a primera vista, pero que son los más estimulantes del día.

Me quiero referir en especial a los locales a los que acuden desde los señores de 80 años a tomarse su vinito mientras leen el diario, hasta las pandillas de chavales de 15 años que van a pasar un buen rato con sus amigos.

¿A quién no le gustan esos locales? Yo no conozco a nadie….

Simplemente decir: “ante la crisis, ¡que vivan los bares!”


David Sancho Varona

El mundo es ancho y ajeno

En el capítulo XL, de la Vida nueva, Dante refiere que al recorrer las calles de Florencia vio unos peregrinos y pensó con algún asombro que ninguno de ellos había oído hablar de Beatriz Portinari, que tanto preocupaba su pensamiento.

B. Suárez Lynch, Estudios dantescos, Buenos Aires, 1891

5 de enero de 2009

TWIST AND SHOUT

Ésta era una de esas veces que cuanto más intentas no oír un ruidito, más te taladra, cerebralmente hablando. Esa noche no fue el habitual reloj, que tras un cambio de pila iba más enérgico que nunca, sino unos ronquidos, aunque milagrosamente no eran los habituales de padre; eran los del vecino, que se dejaban escuchar en las paredes de papel de las magníficas casas de Grandmontagne… La verdad es que a veces me imagino la mente como una pantalla de esas negras por las que no dejan de pasar letras verdes, que en este caso serían pensamientos. Pues bien, resulta que, esa noche, mientras escuchaba la sonata del ronquido en clave de la, la pantalla estaba de lo más activo… Pasó repentinamente –detrás de un “oh!, mañana me toca inglés”– el momento de la comida en que me quedé con el plato en lo alto, en mi mano, así como si estuviese llevando una ofrenda de aceitunas a un Dios del antiguo Egipto. “Cuarenta y tres años hacía de la visita de los Beatles”, decía el titular televisivo que me causó tal paro, con lo que instantáneamente levanté la cabeza para ver que se trataba de una serie de imágenes del cuarteto de Liverpool por España, donde las fans se abalanzaban sobre ellos, probablemente a tocarles el pelo mientras gritaban como verdaderas poseídas y se desmayaban con un simple guiño de ojo, todo esto a pesar de su mini-concierto y sus aires, llamémosles ingleses. Pero, en el fondo de mi, sé, que aunque sus dientes no sean perfectos, yo hubiese sido una de ellas, luchando contra esos hombres de seguridad por uno de sus mechones, y pataleando contra cualquiera del resto de histéricas que quisiera quitarme el primer puesto…


Raquel

El tren

El tren era el de todos los días a la tardecita, pero venía moroso, como sensible al paisaje.

Yo iba a comprar algo por encargo de mi madre. Era suave el momento, como si el rodar fuera cariño en los lúbricos rieles. Subí, y me puse a atrapar el recuerdo más antiguo, el primero de mi vida. El tren retardaba tanto que encontré en mi memoria un olor maternal: leche calentada, alcohol encendido. Esto hasta la primera parada: Haedo. Después recordé mis juegos pueriles, y ya iba hacia la adolescencia cuando Ramos Mejía me ofreció una calle sombrosa y romántica, con su niña dispuesta al noviazgo. Allí mismo me casé, después de visitar y conocer a sus padres y el patio de su casa, casi andaluz. Ya salíamos de la iglesia del pueblo, cuando oí tocar la campana; el tren proseguía el viaje. Me despedí, y como soy muy ágil, lo alcancé. Fui a dar a Ciudadela, donde mis esfuerzos querían horadar un pasado quizá imposible de resucitar en el recuerdo.

El jefe de estación, que era mi amigo, acudió para decirme que aguardara buenas nuevas, pues mi esposa enviaba un telegrama anunciándolas. Yo pugnaba por encontrar un terror infantil (pues los tuve), que fuera anterior al recuerdo de la leche calentada y del alcohol. En eso llegamos a Liniers. Allí, en esa parada tan abundante en tiempo presente, que ofrece el F.C.O., pude ser alcanzado por mi esposa, que traía los mellizos vestidos con ropas caseras. Bajamos y en una de las resplandecientes tiendas que tiene Liniers, los proveímos de ropas standard pero elegantes, y también de buenas carteras de escolares y libros. En seguida alcanzamos el mismo tren en que íbamos y que se había demorado mucho, porque antes había otro tren descargando leche. Mi mujer se quedó en Liniers, pero yo en el tren, gustaba de ver a mis hijos tan floridos y robustos, hablando de fútbol y haciendo los chistes que la juventud cree inaugurar. Pero en Flores me aguardaba lo inconcebible: una demora por un choque con vagones y un accidente en un paso a nivel. El jefe de la estación de Liniers, que me conocía, se puso en comunicación telegráfica con el de Flores. Me anunciaron malas noticias. MI mujer había muerto, y el cortejo fúnebre trataría de alcanzar el tren que estaba detenido en esta última estación. Me bajé atribulado, sin poder enterar de nada a mis hijos, a quienes había mandado adelante para que bajaran en Caballito, donde estaba la escuela.

En compañía de unos parientes y allegados, enterramos a mi mujer en el cementerio de Flores, y una sencilla cruz de hierro nombra e indica el lugar de su detención invisible. Cuando volvimos a Flores, todavía encontramos el tren que nos acompañara en tan felices y aciagas andanzas. Me despedí en el Once de mis parientes políticos y, pensando en mis pobres chicos huérfanos y en mi esposa difunta, fui como un sonámbulo a la “Compañía de Seguros” donde trabajaba. No encontré el lugar.

Preguntando a los más ancianos de las inmediaciones, me enteré que habían demolido hacía tiempo la casa de la “Compañía de Seguros”. En su lugar se erigía un edificio de veinticinco pisos. Me dijeron que era un Ministerio donde todo era inseguridad, desde los empleos hasta los decretos. Me metí en un ascensor, y ya en el piso veinticinco, busqué furioso una ventana y me arrojé a la calle. Fui a dar al follaje de un árbol coposo, de hojas y ramas como de higuera algodonada. Mi carne, que ya se iba a estrellar, se dispersó en recuerdos. La bandada de recuerdos, junto con mi cuerpo, llegó hasta mi madre. “A que no recordaste lo que te encargué”, dijo mi madre, al tiempo que hacía un ademán de amenaza cómica. “Tienes cabeza de pájaro”.


Santiago Dabove, 1946

EUROPEÍSMO AVASALLADOR

“Plan Bolonia, ¿qué será eso?” Comentario estúpido a estas alturas. Pero en realidad no tengo ni idea de lo que implicará, no en su totalidad. Muchos días pensé en ir a la biblioteca universitaria y comprobarlo por mí mismo. Craso error no hacerlo. Ahora, más desinformado que nunca, aunque las cosas malas malas y las buenas buenas parece que resuenan como el eco por todas partes, me pregunto acerca de por qué no me he preocupado en protestar -si es que estaba en desacuerdo, que creo que lo estaría- con mis compañeros. Siento que me he defraudado a mí mismo. El mundo se va por el sumidero y no soy capaz de hacer nada... Bajo mi pusilánime actitud subyace un derrotismo salvable, sin embargo me encuentro demasiado desmotivado, apático, por costumbre, en los asuntos institucionales. Nunca la educación estuvo en manos de los estudiantes, y no creo que lo esté, ni ahora ni nunca. Es así, la gerontocracia no funciona (es broma). La lucha no creo que sirva de nada mientras sólo sean estudiantes los que la apoyen; quizá si catedráticos, rectores, profesores... elevasen sus voces... Pero parece que les a comido la lengua el gato: demasiado sibilino, opaco y desconcertante es todo. Siguiendo por otros derroteros afines, creo que todo esto viene de ese tan grave europeísmo que absorve a nuestros gobernantes. No se puede “estipular” la aplicación de una ley sin tener en cuenta a quién y dónde va dirigida. Y es lo que ocurre, que no somos capaces de inferir correctamente, “ni siquiera los políticos”, y todo se convierte en despropósitos. La educación es un derecho, no una obligación; aunque las implique.

D.C.O.

4 de enero de 2009

-Muerto en vida- (Charly y la fábrica de la catedral)

Capítulo 1: El síndico de Sade




Martes, 24 de octubre de 1995, Santiago de Compostela

Otro día más… Finalizadas las “labores”, qué mejor que una cerveza (?!).Llueve… Vaya novedad (!). La calle desierta invoca a la melancolía… Ya me aproximo, y allí está Xosé, cómo no, con su paraguas, intentando atraer a algún que otro guiri a su bar, ese agujero dulce donde desinhibirse y reflexionar, con encanto, precisamente por eso, por su clandestinidad causa del urbanismo; sin embargo su obcecación lo está dando a conocer. Craso error.

- ¿Qué tal José? ¡Buen día, eh!
- Ya te digo Charly, el bar está a rebosar. Estoy aquí fuera y no es por negocio. No cabe ni un alma.
- Tranqui, yo no tengo de eso.

Tomada la trasversal, y andado unos pasos, ahí está, frente a mí se yergue el O Tuto de Mora de la Ruela de Entrecercos, cuyo letrero más se asemeja al de un lupanar que al de un tranquilo tugurio. Entro con miedo, miedo a lo desconocido, como la visita a la casa del terror en años impúberes.

¡Hostias, no, gente bailando!

Cuelgo mi gabán en el perchero, ocupando también el descanso del sombrero; no quiero que sienta su falta –un sucio perro se lo merendó hace unos días-. Me acerco a la barra a base de empujones, pogos si hubiera sido otra música.

- Oye Modibo, ¿qué pasa aquí?
- No sé. Debe haber una despedida de soltero o algo así. - No hay otro sitio o qué (?!)… Bueno, da igual, en peores me he visto.
- Yo también. Qué te pongo.
- Ponme un litro.
- ¡Marchando!

Y tanto, aquí lo que sobra es marcha. (…) Ya ha pasado un rato y esto empieza a relajarse. Menos mal. La birra ha subido a la quijotera y… De súbito, veo sus ojos, como estrellas que brillan en la oscuridad; me hipnotizan, me subyugan, me matan. Qué bonita es la cabrona (!). Oh, mierda, me ha pillado mirándola… Este lapsus me puede costar caro: es como adentrarse en el bosque de las Amazonas en bolas; soy presa fácil. Además, joder, cualquiera diría que soy detective (!)…

Se aproxima sigilosamente a través de la fronda esgrimiendo su arco; por encima de su hombro saca una saeta de la aljaba, la coloca cuidadosamente en su arco y… ¡zaca!

- Hola Charly, ¿qué tal te va?
- Bien Lua, como siempre, ya sabes.
- No, no sé. Siempre vienes aquí, me miras, pero nunca me hablas. La telepatía no funciona, sabes.
- Siempre estás acompañada y no es mi intención molestarte.
- Bueno, hoy estoy sola.
- Y yo algo beodo, pero aun así…

De repente aparece un gilipollas con cara de gilipollas e interrumpe descaradamente.

- ¡Eh, Lua, guapa, que haces tú aquí! –dice el carabobo. - Tomar algo después de un duro día de trabajo, ¿y tú?
- Aquí, con Pedro, que se nos casa mañana, ¡qué locura el matrimonio! Donde esté la amistad… ¿Verdad?
- Supongo, no sé.
- ¡Vente con nosotros, anda!
- Bueno… Es que… Vale, venga, pero un rato sólo, que mañana tengo que trabajar.
- OK.

Se da la vuelta y me dice:

- Perdona Charly. Hasta luego.
- Nada… princesa.
- ¿Cuál?
- Nada, nada.

¡Joder! Debo estar fatal. Este ramalazo cursi lo tengo que ahogar ya.

- Modibo, ¡otro litro pa´l coleto!
- ¡Marchando!

La noche se muere, pero Modibo debe de llevar el horario de su patria. Tiene que estar bien eso de “duerme de día y vive de noche”, pero yo no podría, noche tras noche sólo pienso en anegar el hueco que dejó mi ánima… Si fuese gato pingo (o trasnochador) acabaría pereciendo con la cabeza metida en el váter; suponiendo que el agua fuese alcohol, claro. Sin embargo, esa muerte indigna no está hecha para mí, yo debo morir en un tiroteo… o quemado a lo bonzo; o una u otra, pero no ambas. (…)

Cada vez que levanto la cabeza ahí la veo, mi morena de ensueño, la que se iba a ir pronto a la cama, bailando con esos dandis de los cojones…

- Me voy a la piltra, Modibo. Gracias por todo, eres el mejor camarero que conozco.
- Gracias, señor. (…)

Sigue lloviendo en la calle, y hecho de menos mi sombrero flexible, tótem del detective y de toda persona que deba preservar sus ideas. Pero no importa, así me despejo a base de bien, con ese gran regalo miccionado de los dioses.
Oigo unos pasos… Esto me inquieta, la suela suena a problemas… ¡Pumba!

- Toma hostia payaso –me dice un hijoputa mastodóntico al tiempo que me sacude crudamente.
- Venga, danos todo lo que tengas ahora mismo o te dejamos la cara como un picasso –conmina su amigo, un tipejo con cara de Elmer Gruñon (el cazador de Bugs Bunny).
- No os voy a dar nada, soplapollas–les confieso.
- Pues entonces… ¡Muro, dale su merecido!

Coge su amigo, la acémila, y me revienta las gónadas; me levanta de los pelos y, mientras me sujeta de los brazos, su jefe me desvalija tranquilamente… Me suelta y el suelo me sabe a gloria de acurruco.

- Bueno, ha sido un placer, palurdo. Hasta luego.
- No, el placer ha sido mío. Cuando queráis lo repetimos.
- Vale, colega, ya te daremos un toque
- Pero con cariño, eh…, que hoy casi me dejáis sin timbre.

Ni que tuviera ganas de hablar (!)…

Después de mi esterilización esto de levantarse de la puta calzada es más duro de lo que pensaba, si lo sé me quedo ahí hasta que el servicio de basuras de las siete me recoja; pero bueno, una vez erguido lo mejor será tomar rumbo a Casas Reales, antes de que la zozobra sea inevitable. (…)

La cama, no la encuentro, ya que la luz en mi casa no está bien vista (burocracia lumínica o, mejor dicho, luminiscente). Pero ahí está mi amado sillón; apoltronarse en él es como un masaje de odaliscas turcas…

Continuará...

Notas sine die:

“Dijo la rana al mosquito desde una tinaja: más quiero morir en el vino que vivir en el agua…” (Francisco de Quevedo)

“La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.” (Epicuro de Samos)

“La muerte es como el plato de pure de un chiquillo de padres severos. El niño se resiste a comérselo; sin embargo, antes o después, el pure es acabado... Menos mal que yo siempre he sido buen chico.” (Carlos Gutiérrez Santamaría)


Escrito y pergeñado por: D.C.O.
Narrado por: C.G.S.

Prestigieux, sans doute

El enmascarado subía la escalera. Sus pasos retumbaban en la noche: Tic, tac, tic, tac.

Aguirre Acevedo, Fantasmagorías, 1927

Afrodita y Adonis

El nombre de Afrodita no es griego. En la etimología popular significa “nacida de la espuma” y en griego “espuma”, pudiendo provenir del término aphrós; por esta razón existe la leyenda de que Afrodita nació de la espuma surgida al caer los genitales de Urano al agua. Una vez que nace se sube a una concha, con la que navega hasta Pafos, en Chipre. Esta versión del nacimiento aparece en la Teogonía de Hesiodo, s. VII a.C. Sin embargo, esta Afrodita no es la que se casa con Hefesto. Ésta aparece en la obra de Homero del s. VIII a.C., donde habla de un nacimiento diferente, como hija de Zeus y Dione (la brillante), una divinidad primigenia.

Afrodita es diosa del amor natural que surge entre los individuos y que conduce a la pasión y la seducción, pero no a la pasión desenfrenada y negativa, sino a la positiva. Este amor negativo es característico de Eros, hijo de Afrodita, que tiene faceta de amor vengativo. La Diosa siempre va acompañada de su séquito, formado por Eros, Hímeos (el deseo) y Peithó (la persuasión).



Ésta tiene su correspondiente en el mundo oriental: Aštarte o Ištar. Sin embargo en el mundo griego también encontramos dos Afroditas: una en Atenas y otra en Esparta (Lacedemonia, Peloponeso), la cual no tiene que ver con el amor, ya que aparece armada como una diosa guerrera –el pueblo espartano era muy estricto en la educación y el régimen militar–, lo que ha llamado la atención de los estudiosos.

La relación de Afrodita con oriente se manifiesta en el mito de Adonis.

En Siria vivía una princesa de extremada belleza llamada Mirra. Un día su madre perdió los papeles y pecó de hybris (orgullo): iba diciendo que su hija era más bella que cualquiera de las diosas del Olimpo –este pecado se da bastante en el mundo griego, y es castigado por los dioses–.

En un momento dado la madre llega a decir que su hija es mayor beldad que Afrodita, la diosa más bella. Por ello Afrodita castiga a la hija de forma atroz, haciendo que se enamore de su padre. Evidentemente no puede estar con él e intenta suicidarse, pero su nodriza se apiada de ella y le presta su ayuda para penetrar en el dormitorio de su padre, pudiendo así compartir lecho íntimamente. Ésta lo arregla todo para que por la noche, a oscuras, entre en la habitación y tengan relaciones. La añagaza se repite durante doce noches, sin que el padre la reconozca, pensando quizá que se trataba de concubinas.

La última noche, Mirra, deja la estancia más tarde. Entra un rayo de sol por la ventana y el padre reconoce una señal en la muchacha. Al descubrirla se vuelve loco y la persigue para matarla. En la huída los dioses sienten misericordia de ella y, antes de que la atrape, la convierten en el árbol de mirra, que según los griegos llora lágrimas perfumadas.

A los nueve meses, del tronco del árbol surge un niño, al que llaman Adonis. Un niño extremadamente bello, pero con facciones afeminadas. Afrodita inmediatamente se enamora de él y pasa a tenerlo siempre a su lado. Adonis llega a la pubertad, edad en la que hay que cumplir con un rito de paso que consiste en salir a cazar jabalíes. Afrodita se lo prohíbe alegando que es muy peligroso, pero cuando ella está ausente, él sale dispuesto a darles caza. Entonces un jabalí le sorprende desprevenido, le desgarra el muslo y muere ensangrentado.

Cuando Afrodita se entera, corre en su ayuda, pero sólo le da tiempo a despedirse de él –un bucólico poeta griego llamado Bión, que escribió poemas de enamoramientos pastoriles, describe este mito y dice que Afrodita derramó tantas lágrimas por Adonis como gotas de sangre perdió él; los griegos mantuvieron la leyenda de que las rosas blancas se convirtieron en rojas por la muerte de Adonis–.

Adonis, muerto, desciende al Hades. Allí se encuentra con Perséfone, que se enamora perdidamente de él; tanto que por ninguna motivo accede a las súplicas de Afrodita, que pide desesperada que se lo devuelva. Tal era la disputa entre las dos mujeres que tiene que intervenir Zeus, padre de ambas, y delibera que Adonis permanecerá un tercio del año con Afrodita, otro con Perséfone y el último con quien elija; claramente, elegirá con Afrodita.



Ésta es la historia que en el mundo oriental relaciona a Adonis con los ciclos de la vegetación. Por ello, en estas tierras, comenzaron a celebrarse unas fiestas o rituales llamadas Adonias, en honor a este héroe, las cuales pasaron a celebrarse también en Grecia. En ellas sólo participaban mujeres, y consistía en laborar los jardines de Adonis, de la siguiente manera: las mujeres cogían tiestos con poco fondo, los llenaban de tierra y plantaban lechugas tiernas (símbolo de frigidez), las subían a las azoteas en el momento en que más calentaba el sol (mediodía en verano), y las regaban con agua templada. La planta crece en poco tiempo y muere en seguida. Este ritual simboliza la vida del héroe al que conmemoran, ya que fue breve, murió a los trece-catorce años.

Hay autores que establecen semejanza con otra festividad, las Agrionia, celebradas una vez al año en honor de Dioniso. Participaban sólo mujeres, al igual que las Adonias, sin embargo los ciclos de la vegetación no estaban presentes. Como curiosidad y relación entre estos dioses mitológicos, podemos decir, gracias, como no, a un autor griego, que Dioniso había sido amante de Adonis.



Tomoe

LA CRISIS Y EL DÍA EN QUE “LA VIDA” PASÓ A UN SEGUNDO PLANO

“Sólo conocía a pobres, es decir, gente cuya muerte no interesa a nadie”. L. F. Céline, “Viaje al fin de la noche”. El mundo parece sumido en una noche sin luna, sin estrellas. La crisis, -como hace unos meses, jóvenes islamistas, con barba, treinta años y un AK-47-, aterra a los buenos hijos blancos de Occidente; por definir de alguna manera ese lugar del planeta donde revierten, en cierto modo, los beneficios económicos de este genocidio global. Quizá sea como vivir a costa del pelo y los dientes de los judíos exterminados en Centroeuropa. Quizá sea exagerar. ¿Responsabilidad? ¿Cuál? ¿A nosotros? ¿Quiénes somos nosotros? No sé. Hace tiempo leí una frase bastante curiosa: “a fuerza de millones de muertos somos demócratas y humanistas”. Buena gente en fin. No lo dudo.

El caso es que hay cosas que es mejor no preguntarse. Ahora, las grandes voces públicas mundiales se plantean el fin del capitalismo financiero salvaje que estaba operando en el mundo. Pero, el año pasado, en las grandes bolsas de Europa y EE.UU. la especulación con el precio de los alimentos estaba aumentando el número de personas subalimentadas en el mundo (de los otros) a unos cuantos centenares de millones de personas más. Eso no es crisis -me remito a la frase de cabecera del texto-. Qué cosas tiene la vida. Menos mal que ésta ha pasado a un segundo plano. Imagínense, preocuparse por ella con todos los que somos. “El mundo, nuestro mundo, lleva cien años o más muriéndose… necesita el coup de grâce, saltar en pedazos”, Henry Miller, “Trópico de Cáncer”.

Me acabo de levantar, son cerca de las tres de la tarde, es domingo. Voy al frigorífico a coger un refresco. Me siento en una silla azul con ruedas, lo abro, y hago un poco el idiota mientras me lo bebo. En la radio suena una canción de Calamaro. La calefacción lleva encendida algo menos de una hora, acerco mis pies al radiador y dejo que vayan impregnándose de un poco de calor. No tengo prisa. Mientras, escribo esto; como si fuese un relato, un cuento lejano, inaudible. Luego iré un rato a las piscinas.

“Esta es la historia de una sociedad que se hunde, que mientras se va hundiendo, no para de decirse, hasta hora todo va bien, hasta hora todo va bien; lo importante no es la caída sino el aterrizaje”. Mathieu Kassovitz, “El Odio”.

Pensemos en las flores, las mujeres, la poesía….


D.D.M.

Entrada por salida

Se disponía a decir: “Vengo de parte de Fulano”, pero vio una cara de tan pocos amigos que, antes de tomar asiento, se incorporó, se puso el sombrero y dijo, dando la espalda:

- Me voy de parte de Fulano.


Jules Renard, Journal

Nacho